sábado, 23 de enero de 2010

Estaba escrito.

Una de las veces que intenté hacer terapia, el fulano que me atendía, freudiano él, llegó a la conclusión de que yo debía atenderme con un lacaniano por causa de mi "relación atávica e indisoluble con el lenguaje". Eso, además de reforzar mi idea de que los psicólogos son una manga de chantas con mal aliento y zapatos con suela de goma crèpe, que lo único que quieren es quitarle plata a la gente para pagar sus viajes al Machu Pichu, me hizo entender el inicio de todos mis males.
Aprendí a leer a los 4 años mediante el método de lectura veloz de ILVEM. Y nunca paré, leía los avisos fúnebres, los carteles de la calle, la guía de teléfonos, el prospecto de los Mejoralitos. Todo. Después, una vorágine inevitable me llevó por varios escritores, hasta que llegué a dos que me marcaron a fuego: Ernest Hemingway y el Gordo Soriano. Ambos eran periodistas, ambos contaban historias verosímiles, casi como crónicas. Hoy ya no puedo desandar el camino y desaprender a leer, ya no volveré a tener 4 años. Pero de todo lo que leí y escribí, de mis 18 años de redactor publicitario, de las cartas, de este blog, de tantas cosas, puedo decirle al psicólogo aquel que si mi vida de relación se circunscribirá a releer eternamente "Cuentos de los años felices" y "Muerte en la tarde", puede darme el alta tranquilamente.

1 comentario:

  1. A lo mejor no diagnosticaba, veía el futuro y como psicólogo era muy buen astrólogo. Me gustan mucho tus escritos. Se te puede conocer? Me peino prolijamente y visto de mujer casi siempre. Vale

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